viernes, 5 de junio de 2009

No sé porque peleamos tanto.
Pero te veo y me desarmo, sos todo para mi.
No sé si te das cuenta, pero me tocas y se me eriza la piel, siento todo con vos. Cada beso, cada caricia, cada mirada, cada abrazo. Cuando me tocas la pierna.
Si hasta me cuesta concentrarme cuando estas cerca. Te miro a los ojos y me pierdo.
No necesito nada si estoy con vos. Y, ay!, no sé cómo se dicen estas cosas. No sé cómo demostrarte que es verdad cuando a veces me enojo tanto y nos peleamos. Pero de verdad quiero mi vida con vos. Sos la persona más hermosa, tenes todo lo que necesito para sentirme bien día a día, pero de verdad me cuesta a veces. Y eso que al principio de las peleas pienso en todo esto que te escribo, pero es más fuerte que yo. Me re gustaría poder tratarte mejor. No te quiero perder.
Sos la primer persona que me hizo sentir, y no quiero que haya nadie más. Me cuesta muchísimo poder decirte las cosas y que las entiendas. Me cuesta redacatar de forma que me entiendas, que puedas ver que sos mi vida, que sos con quien me gustaría compartir mis proyectos, mis cosas, mis días y noches, mi vida.
Me re gustaría poder concretar todos nuestros planes, dormir juntos, desauynar juntos, extrañarte mientras trabajemos, volver y verte, que paseemos, que hagamos cosas juntas, todo eso que planeamos.
No te puedo prometer más nada, pero quiero estar bien. Y aunque no sepa cómo se hace, sé que es con vos.

Te amo .-

sábado, 29 de noviembre de 2008





Me siento y decido qué elegir, como me enseñó la vida. Un número del 1 al 10, al azar, la cantidad de árboles del patio de enfrente. Siete, si 7, porque es mi número preferido, y la señora de la casa ni siquiera lo sabe. Pasa un auto, pasa otro, otro, otro, hasta el número 7. Entonces, como el telefono todavía no sonó, te llamo. Corto. Ya lo habia decidido pero algo pasó. Algo pasó y yo sigo aca afuera, como intentando ver a través de la pared.
Te juro que a veces lo intento. Y espero, llega el auto, abris la puerta, obviamente no me ves, por suerte? o porque?
No me ves y no me parece tan mal. No creo que fuese una visita esperada, no sé porque pero intuyo que no. Pero mejor me voy. Y ahí si me ves, en el momento menos oportuno, veo un poco nublado, no entiendo porque pero estoy casi llorando, y te acercas feliz, porque no entendés nada, como siempre, ajena a todo. Eso es lo que me gusta de vos. Me das un abrazo, de esos que sólo das vos, tenés algo especial en los brazos. El mira de lejos, que no entiende nada, pero siempre esta ahi reboloteando, y yo lo miro por encima tuyo, pero enseguida me soltás y me miras, me hablas como siempre. Y yo tan cerca, o tan lejos, dependiendo de vos o de mi, respectivamente. Me invitás a pasar. En serio, nunca entendés nada. Te digo que me espera alguien, y vos miras para abajo, y ojalá esa mirada significara lo que espero, pero sé que no y me voy. No quiero ilusionarme otra vez. Camino, camino una cuadra, y me siento a kilometros de tu casa, del lugar que me estan ocupando. Espero el colectivo, o el colectivo me esperaba a mi. Me subo y me doy cuenta que a nadie le importa si lloraba o si lo ocultaba. Como si fuera poco recordar tu cara de felicidad y toda esa confusion que sentí: el boleto. No lo hacía hace tiempo, desde el colegio supongo. Pero sumo los números y me da la letra de tu primer nombre, ese que te encanta pero nadie te lo dice, por esa costumbre de llamar a la gente por su segundo nombre. Y aguanto, un poco más. Suena el telefono, y no lo miro porque sé que no sos vos. Porque no hay desilusión más grande en días normales que esperar un mensaje, una llamada tuya y que nada de lo que llega tenga tu nombre en el remitente. Escucho ese tema que tanto te gusta, de una banda que no hubiese conocido nunca si no te hubiese conocido a vos. Me bajo, mil cuadras antes porque no soporto recordarte y voy a caminar mirando el piso para no ver nada. Y aunque intenté caminar lo más despacio posible no puedo parar de llorar. Llego a casa y no estás, como desde hace tiempo. Mi hermana me dice "te llamo.." con cara de... no sé, en ese momento no presté mucho atención pero estoy seguro que sabía que me iba a alegrar el día su noticia. Busco el teléfono, y no puedo creer no haberlo mirado antes, no haberme dado cuenta que ibas atrás mío, que ahora no había vuelta atrás, que otra vez me había equivocado. Que te había perdido, que la cara era porque ese día.. iba a ser el último, la última visita, porque te ibas, porque ese auto color verde claro (color que, a partir de ese momento, es color desilusión y recuerdo) escondía algo más que una visita normal. Sali corriendo. Llegue y no estabas. Ya era tarde, otra vez era tarde, excesivamente tarde.





domingo, 19 de octubre de 2008



Generalmente las cosas, y estoy segura que no es sólo en mi vida, que te hacen bien, sin altercados, sin preocupaciones, no llenan, no suele satisfacer. Son cosas que estan ahi, casi estaticas, y no pasa nada más, porque están ahí siempre. Son las cosas (cosas como personas, objetos, relaciones) que no suelen demandar demasiada atención, ni riegos, ni acciones por el estilo. No sucederá nunca, con ellas, que debas pasar noches en vela, tanto para hacerlas sentir mejor como para retenerlas, no, esas no suceden en ese sector de nuestro universo. Pero, aunque sé que no es necesario aclararlo, no somos felices asi, no a largo plazo. Son cosas que al principio nos hacen más que bien, por la emoción propia de algo "nuevo" supongo, o descarto más bien, pero a largo plazo es un fiasco. Entonces solemos "arrimarnos" a otras cosas, o a acercarnos un poco más a cierto dinamismo que nos "cambiara" la vida. Y si, si lo otro no nos preocupaba, ni nos complicaba, estas nuevas nos ocupan las noches, las horas de estudio, las de ocio. No nos dejan lugar para nada más, nos hacen mal, excesivamente mal, nos arruinan la salud, la piel, el alma. Pero claro, solo por momentos, luego son las mejores cosas que nos pasaron en la vida, las que nos llenan, las que nos hacen bien, se tornan indispensables. Y es como tener una doble vida, la calma, la que no posee percances y nos deja vivir, aunque levemente vacios; y la otra, la que nos llena, nos satisface, nos enorgullece, pero de tanto en tanto nos hace caer muy bajo. Esas cosas que nos mantienen en vilo constantemente, los dueños de los mensajes que nos sacan una sonrisa, y los esperamos por horas, (porque no, no sirven los otros mensajes, los que llegan de las cosas que nos mantienn en calma, no sirven. No señor), los dueños de las visitas que esperamos cada día, los dueños de los regalos más importantes, los más lindos, los dueños de las horas más probechosas, y así, así con todo.
Y bueno, dependiendo de la personalidad de cada uno, podemos ser de los que nos quedamos
con lo seguro y tenemos una segunda vida, anhelando cada día por poder disfrutarla más, por arriesgarnos a ganar lo que aparentemente será lo mejor. O también podemos ser de los que sufren todo el tiempo, de los que lloran, dejan de comer, y hasta de vivir por las consecuencias los riesgos de tomaron suponiendo serían felices.

Y como dije siempre: "Lo que te hace bien, te hace mal", y en este caso, nos aferramos a lo que nos hace excesivamente bien y excesivamente mal.

p.d.: aunque hablo de cosas no me refiero asi ni despectivamente ni por propiedad.


domingo, 5 de octubre de 2008





Evidentemente no nos alcanza con el destino, que nos arriesgamos todo el tiempo.

Se nos dio naturalmente la posibilidada de donar sangre, aunque aveces elijamos inyectarnos.
Podemos enfermarnos; flajelarnos hasta ver gotas, mas que gotas.
Podemos curarnos, tomar pastillas para sentirnos bien (incluida la pastilla de la felicidad) y morir intoxicados.
Podemos amarnos y tomar levonorgestrel.
Podemos engordar, adelgazar, morir internados de anorexia, bulimia o de obesidad.
Podemos hacer tiro al blanco, cazar; matar.
Podemos caminar; correr; saltar; volar; caer muy bajo.
Podemos ser analfabetos, escribir, redactar, deleitar.
Podemos oir; escuchar; mirar; ver.
Podemos necesitar, dejar pasar, morir.
Podemos conocer; ver; querer; intentar; perder.
Podemos aprender; frustrarnos.
Podemos descansar; dormir; soñar; velar.
Podemos amarnos; equivocarnos; lastimar; olvidar; perdonar.

Ese es el problema, se nos dio la posibiliadad de elegir y actuar, sin enseñarnos previamente como hacerlo.


sábado, 20 de septiembre de 2008



Cuántas veces herimos a la gente que queremos?
Te daria vergüenza escrbiri la cantidad de veces? A mi también. A quién no?
Cuántas veces nos arrepentimos de las palabras? ..tal vez ser un poco más suaves, o tal vez un poco más claro.
Pero hay algunas cosas que no vuelven
-la bala disparada,
-la oportunidad perdida
-las palabras dichas
Seguramente conocen el cuento del niño malhumorado y la lección de su padre. Que suerte que tuvo!, a veces cuesta más que una puerta aprender a no herir a los demás.

A veces nos damos cuenta, no tarde, sino cuando hemos lastimado mucho, hemos hablado de más, o hasta hemos escondido dolores.

A veces, para demostrar lo que sentimos, también hay que pensar, porque nada es para siempre.


miércoles, 10 de septiembre de 2008


siete,.

- días de la semana que vivimos
- falsa creencia de los planetas: saturno, júpiter, marte, venus, mercurio, la luna y el sol
- cielos
- las notas musicales
- mares
- las maravillas del mundo
- los sabios de grecia
- esferas pitagóricas
- las brujas del sabat
- las plagas de egipto
- los enanitos de blanca nieves
- pecados capitales
- los colores del arcoiris
- la prepotencia de ciertas ignorancias
- los pilares de ciertas sabidurias
- las edades del hombre según Shakespeare

martes, 9 de septiembre de 2008



porque todo, todo,
todo vuelve
porque para ganarnos la confianza de alguien, hacemos de todo, mentimos y hasta decimos la verdad
porque una vez que empezas, no paras hasta que terminas
porque todo es un poco más de lo que ves
porque la verdad siempre esconde alguna mentira
porque no existe la objetividad
porque nacimos para correr


lunes, 8 de septiembre de 2008



te escribo por gmail

suena el celular, despues de las 11 veces que no estaba aca, o fueron mas?
leo tu msj, no te quise hacer mal, sabes como soy. ya casi me conoces.
leo el msj otra vez.
miro la mierda en la pared y me pregunto porque no lo saque.
lo pienso ahora y no tengo la mas minima idea.
no, no sé por que no lo saque. si es una mierda, si no existe.
podríamos haber pensado que podía pasar, podría haberlo pensado yo por lo menos
pero no quise, amo mis negaciones internas
esas que me protegen tanto, y despues me tiran tan abajo (puto egoismo)
ahora que iba todo bien, ahora que vos sabes que estabas mejor,
que creo que las cosas se habian acomodado
ahora que las cosas te empezaban a gustar, después de la primera vez que no necesitaste las segunda instancia y todos estabamos contentos, ahora miro la pared y tengo madera para el asado.
ahora no entiendo, ahora me acuerdo porque deje de confiar, porque deje de rezar, porque no creo en los medicos.
ahora me pregunto porque puta razon no fuiste a otro lado, y lo quiero matar
de verdad que lo quiero matar, sabe?
sabe lo que hace? hasta me pregunto si le importa
me lo pregunto y nisiquiera se que te acaba de decir, pero sin embargo, me da mucha bronca. tendrá algun hijo que estudia? habrá operado a alguien que quería?
no creo, no sé, no entiendo.
espero que lo que me digas me saque esta bronca
miro de nuevo la pared y empiezo a dudar
me llega tu msj otra vez, como para volver a leerlo
esta incompleto y no tiene esa parte que me hizo escribir esto
antes de contestarte (no tengo la mas minima idea que ponerte) escribo esto, para descargarme, para no llorar.

para decirte que aunque se equivocara mil veces más, yo voy a estar con vos.
te amo.

sábado, 6 de septiembre de 2008



Mientas leía lo que a continuación (les) adjunto, se me cerro la garganta de a muy poquito, lo que derivo en semejante nudo en la garganta y los ojos empañados.-

Otra vez me muero

Y otra vez el tomógrafo dándome instrucciones: “Respire”, “no respire”, “tome aire profundamente”, “respire”… para dentro de unas horas sentenciarme de vida o de muerte. Es realmente maravilloso estar acostado boca arriba mirando ese “bicho” enorme, ese aro que gira sin parar, esa turbinita indignante que chilla estridentemente, y luego las instrucciones para que uno respire o no respire. Y respiro y no respiro. Y aguanto la respiración, y respiro y no respiro y aguanto… y respiro otra vez. Es tan cómodo, una vez que uno se relaja, saber que no se puede hacer nada. Estoy con la aguja en la vena, me están pasando un líquido de contraste que me arde, que me quema, que me da náuseas, obedezco instrucciones, la camilla se mueve hacia adelante y hacia atrás, los ruidos son agresivos, los movimientos abruptos… mi cuerpo está en “boxes”. Es tan denigrante, tan humillante, que si obedeciera a mis instintos me arrancaría la aguja y saldría corriendo del lugar. Pero le voy a dar una chance más a la medicina y una menos a mí, que me prometí no someterme más a agresiones físicas y morales. Y digo una menos a mí porque no siento tanto respeto por mí al estar acostado preso de un tomógrafo operado por una señorita con cara de estar haciendo lo que tiene que hacer. Siento que estoy mendigándole a la vida o, lo que es peor, a un tomógrafo, como si el tomógrafo tuviera injerencia o pudiera tener piedad como para cambiar el resultado de lo que ve. Como si pudiera ponerme una buena nota o hacer la vista gorda al posible tumor o linfoma que podría llegar a tener.

La sensación es espantosa, siento muy poco respeto por mi ser. Merezco morir como una rata rabiosa al salir del Instituto Alexander Fleming; me había prometido nunca más hacerme nada. Pasé un año entero regalando mi cuerpo a sesiones de quimioterapia. Sesiones que duraban cuatro días, sesiones que me dejaban acalambrado, dolorido, desganado, nauseabundo, pelado, blanco, verdoso, gordo, inflamado, morado. Mi aspecto era el de un sapo a punto de reventar. Pasé meses dificilísimos, porque además la certeza de que el tratamiento funcione no se la dan a uno de la noche a la mañana, sino que hay que dejar pasar por lo menos tres o cuatro sesiones hasta que un día entra el médico a la habitación y con una sonrisita de esperanza que es como la lucecita que dan las velitas que ponen flotando sobre el agua ahora en los restaurantes te dice tímidamente: “Bueno, afortunadamente el tumor es sensible a las drogas y está comportándose como esperábamos”. Recién ahí empecé a sentir que valía realmente la pena la agresión de meterme veneno por las venas todos los meses durante cuatro días seguidos. Y tampoco así fue fácil.

La quimioterapia es veneno, y no es una metáfora, es veneno de verdad. Mata todo lo que toca, arrasa con todo sin distinción, destruye lo que sirve y lo que no sirve. Te come los huesos, los tejidos, te morfa entero. Te devora sin consideraciones ni contemplaciones. Recuerdo que uno de los medicamentos que me inyectaban tenía que estar envuelto en papel metálico tipo rollito Ben, el que usaba mi madre para cocinar cuando era chico, porque no podía estar expuesto a la luz del día. Recuerdo que cuando salía del Fleming, al cuarto día, vomitaba los veintiséis días restantes hasta tener que internarme nuevamente por otros cuatro días. Y así sucesivamente durante ocho meses seguidos. Envenenarme, salir, vomitar, acalambrarme, retorcerme, seguir mi vida como podía, internarme, envenenarme, salir, internarme, envenenarme, salir, vomitar… y todo esto sin parar. Ocho meses sin parar. Si paraba, me moría.

Todo el proceso fue muy difícil. Recuerdo infinitas charlas con Pinky, una maestra en cáncer; Pinky debería dar clases en los hospitales. Gracias, Pinky querida.

El tratamiento también te pudre psicológicamente. La gente me miraba el doble de lo que me mira ahora, me miraba no solamente por famoso sino porque es raro ver a un tipo sin pelo, sin cejas y verdeamarillo. El color del cáncer no es el negro, es el verdeamarillo, ese verdeamarillo premuerte, como el que tiene la papa. Verdeamarillo premuerte parece un nombre ridículo de esos que traen las cartillas de pinturas. La gente tampoco sabe cómo abordar el tema, algunas personas ni lo mencionan, otras se le atreven con torpeza, y otras te dan fuerzas y consejos que escucharon al pasar. También me llegaban a la radio recetas de sopas. Nunca olvidaré la receta de una señora que me recomendaba tomar una sopa de pescuezo de gallina con porotos, no sé cuántas cabezas de ajo, ají picante, jengibre, cartílago de no sé qué animal y otras miles de verduras mágicas. Una vez caminando por la calle Gascón rumbo a la Fundación Huésped otra señora que barría la vereda me invitó a su casa a desayunar.
Los oyentes me mandaban datos de chamanes, de videntes, de curanderos. Me recomendaban clínicas en los Estados Unidos; creo que nunca en mi vida escuché tanto las palabras “Clínica Mayo”. Me llegaban cartas con miniaturas de crucifijos, imágenes de santos y de vírgenes, cintas de colores, medallitas e infinidad de fetiches. Gracias a todos. Gracias de verdad. Ya pasó.

Todo eso ya pasó… Louise Hay pide que tengamos mucho cuidado al elegir las palabras que usamos para hablar de las enfermedades y cómo las encaramos. Yo tuve un linfoma no Hodgkin en el riñón izquierdo y pude destruirlo, vencerlo, derrotarlo, hacerme amigo, o curarme, como corno quiera Louise que le diga. Pasaron casi seis años y otra vez una manchita, algo que a mi oncólogo no le gusta, otra vez el miedo, no tanto a la muerte sino al dolor, a no poder vivir como quiero, a no estar del todo sano. Otra vez el desafío de juntar fuerzas, otra vez apoyarme en mis amigos, otra vez recurrir al método de contarlo para exorcizarlo. Otra vez concentrarme para que la cabeza me responda y no me juegue una mala pasada.

¿Otra vez?, ¿otra vez todo eso? Sí, otra vez. Otra vez porque me quedan cosas por hacer, otra vez porque soy un cagón, otra vez porque soy valiente también, otra vez porque soy gallego, otra vez porque tengo OSDE 450, otra vez porque me quiero, otra vez porque me odio, otra vez porque me mentí, otra vez me faltaré el respeto, otra
vez lo haré, otra vez porque amo la vida, otra vez porque me encanta coquetear con la muerte, otra vez por Pinky, otra vez por el doctor Chacón, otra vez por mis oyentes, otra vez por los que no pueden acceder a estos tratamientos, otra vez por María, por mi novio, por mis amigos, por este trabajo de escribir, por el teatro, por Charly, por Maradona, por ver a Lanata en el Maipo, por el gordo Bergara Leumann, por mi perra Mono, por volver a almorzar con Mirtha, otra vez para escucharlo a Lalo, a Hanglin, a Víctor Hugo, a Dolina y a la Negra. Otra vez para volver a Broadway a ver teatro ahora que me dieron la visa para entrar a los Estados Unidos… Otra vez… Otra
vez por todo eso y mucho más, y otra vez por muchísimo menos también, muchísimo menos, como por ejemplo comer un cuernito de grasa o tomar un whiskicito. Otra vez parece que me muero, otra vez trataré de no morirme, sí, otra vez, otra vez porque no hay más remedio, otra vez, otra vez… por mí…

Fernando Peña

martes, 2 de septiembre de 2008

Llueve sobre mojado 1



Llueve. Hace rato que llueve, y no solo desde el cielo. Caen gotas cada vez más grandes que se deslizan por el parabrisas, inmutable. Pero hace rato que llueve. Hace rato que al cielo no
le importa si el que camina tiene paragüas, si va en auto o si esta enfermo. Le preocupo alguna vez? No, por eso es el cielo. Por eso no se puede hacer nada contra el, o talvez hacemos miles de cosa contra el, pero no nos damos cuenta. Contra el,y contra nosotros mismos. Pero, sin embargo, sigue lloviendo. De todas formas la gente no se preocupa por eso y continúa.
Camina, abre su paragüas, se pone la bufanda, camina más rápido. Se para bajo un techo, prende un pucho. Se contamina. Lo termina. Y mientras tanto yo te espero.
Hoy no iba a llover. No, no iba a llover. La gente no tiene capucha no tiene paragüas. No iba a llover. Y sin embargo, llovio. Cuántos planes debimos suspender, cuántas cosas hicimos distintas en la vida porque llovio. Y llueve, sigue lloviendo.
No va a llover todo el día.
Hay gente que tiene suerte: tiene gorras o tiene paragüas a mano. Hay gente que no. O que talvez ni siquiera le importa. Hay ropa que se moja más rápido. Los autos se lavan si llueve cierta cantidad, sino no se lavan: se ensucian. La misma cantidad que favorece el lavado de los autos te empapa (si no tenías paraguas, si no tenías suerte). Hay gente que no tiene frío o que no tiene otra solución. Hay gente prevenida, hay gente que, con los tacos, no se cae en el agua.
Hay veces que no necesitas que ande el agua del limpiaparabrisas. Hay veces que lo único que nececesitas es un techo. Un techo o alguien que te quiera. O el limpiaparabrisas.
Hay gente que no tiene paraguas pero tiene auto, o quien, en doble fila, lo deje en la puerta de donde se tiene que bajar. No, no se puede parar en doble fila, pero por ahí, como llueve tanto, quien te va a decir algo?
Hay gente que no sabía que staba lloviendo. Sale. Mira. Piensa: me mojo o no me mojo? Paraguas no tengo, auto tampoco.. Espero? Si, espero.
Algunos autos no se lavan tan fácil. osea se embarran. De qué dependerá? Y la gente no maneja más descacio porque esté lloviendo.
El diariero si sabía que iba a llover: tiene los diarios en una bolsa; y tiene una boina. Se ve que siempre anda así. Que persona más precavida. Deberían darle un premio a la gente precavida.


lunes, 1 de septiembre de 2008

Llueve sobre mojado 2



Claro, cuando te dan un papel, lo guardás. En eso la gente si es precavida. Porque la gente sera precavida con esas cosas? Cómo hace una persona que va caminando, se larga a llover y
va con papeles en la mano? No tiene bolsas, no tiene folios. Habría que haberselo preguntado a la señora que ponía las hojas en un folio. Mama siempre anda con una carpeta. Bueno, siempre q ande con papeles. Hoy no creo que lo importe si llueve si se mojan los papeles. Bueno, tiene una campera porque a la mañana me dijo "Está húmedo y hace frío". Y yo me abrigué
no me puse la campera para la lluvia, pero me abrigué.
Cuánta gente que debe estar feliz porque está lloviendo. No, yo no creo que la gente se ponga contenta cuando llueve, nisiquiera la gente que dice que se pone contenta cuando llueve.
La gente dice eso porque no le gusta salir, porque no puede salir o no tiene con quién salir. Porque por ahí es una buena excusa. Que bueno que llueve! A mi me gusta la lluvia.
El señor sale, lo piensa dos veces, busca la llave del auto y aligera el paso.
La gente no sale tanto cuando llueve, o no por lo menos para hacer tramites importantes que requieren estacionar, por ejemplo, en el caso de los que tienen auto, cerca del lugar. Y como cerca en Comodoro requiere un par de cuadras, la gente no sale.
Que buena idea las camperas con capucha. La del colegio no tiene capucha. Si no estuviera bajo este techo me estaría mojando, el pelo. No me gusta mojarme el pelo.
La gente no tiene guantes, no usa guantes. Yo hoy tengo bufanda. Bah, hoy uso bufanda, tener tengo hace bastante.
Y la gente que anda en moto? Mira la gente que no usa casco y anda en moto, ellos si se mojan el pelo, no les debe molestar. Igual con la moto podes parar un poco más cerca de la puerta, podes parar en la vereda. Si no hay lugar para estacionar, paras en la vereda. No hay drama. Deja la moto, se saca el casco, lo apoya en el manubrio, busca algo, (para eso tienen esos compartimientos las motos), "está todo", ganchito, la engancha en la baranda, "no me van a robar la moto, no no", "y el casco?, lo engancho? o me lo llevo?.. me lo llevo", "está ajustado?", "que buena idea la de mama de que compre esto". Se lo lleva. Tiene guantes, tiene el casco que es como tener un paraguas o un sombrero. Y empieza los trámites del día. Yo tengo bolso, y es impermeable.

Yo, sin embargo, no traje bolsa, traje una campera que no es impermeable, no tengo casco, tengo zapatillas. Unos minutos afuera y se me mojan las medias. Pero tengo suerte.

[Suena una bocina.]

Ahí sale ella.


martes, 26 de agosto de 2008




decalogo de una persona fuera de los parámetros normales


  • no hagas lo que hacen todos los demas.
  • no te hagas odiar.
  • cuando dudes pensa que haria alguna persona que admires en tu lugar.
  • si alguna vez lo criticaste o estuviste en contra, no lo hagas.
  • si lo haces, que no te vean tus amigos.
  • aprende a valorar las cosas de los ademas.
  • si sabes que la discucion no te lleva a ningun lado, no le des importancia.
  • recuerda que siempre puedes hacer lo que elijas.
  • cuando hagas algo que esta mal, disfrutalo.
  • escucha las opiniones de la gente que queres.

lunes, 25 de agosto de 2008



detras de las vidas mas sonoras
de las personas mas alegres,
de las miradas mas profundas
se esconden los dolores mas intensos



domingo, 24 de agosto de 2008



Yo confio en
vos,
en vos, por sobre todas las cosas.
Donde vos me digas, yo te espero.
Como ahi, como siempre.

Yo confio en vos,
en vos, y en todo lo que me digas.
Con los ojos cerrados;
sin escuchar a nadie mas.

Sin esperar nada, yo te espero,.