domingo 19 de octubre de 2008
Generalmente las cosas, y estoy segura que no es sólo en mi vida, que te hacen bien, sin altercados, sin preocupaciones, no llenan, no suele satisfacer. Son cosas que estan ahi, casi estaticas, y no pasa nada más, porque están ahí siempre. Son las cosas (cosas como personas, objetos, relaciones) que no suelen demandar demasiada atención, ni riegos, ni acciones por el estilo. No sucederá nunca, con ellas, que debas pasar noches en vela, tanto para hacerlas sentir mejor como para retenerlas, no, esas no suceden en ese sector de nuestro universo. Pero, aunque sé que no es necesario aclararlo, no somos felices asi, no a largo plazo. Son cosas que al principio nos hacen más que bien, por la emoción propia de algo "nuevo" supongo, o descarto más bien, pero a largo plazo es un fiasco. Entonces solemos "arrimarnos" a otras cosas, o a acercarnos un poco más a cierto dinamismo que nos "cambiara" la vida. Y si, si lo otro no nos preocupaba, ni nos complicaba, estas nuevas nos ocupan las noches, las horas de estudio, las de ocio. No nos dejan lugar para nada más, nos hacen mal, excesivamente mal, nos arruinan la salud, la piel, el alma. Pero claro, solo por momentos, luego son las mejores cosas que nos pasaron en la vida, las que nos llenan, las que nos hacen bien, se tornan indispensables. Y es como tener una doble vida, la calma, la que no posee percances y nos deja vivir, aunque levemente vacios; y la otra, la que nos llena, nos satisface, nos enorgullece, pero de tanto en tanto nos hace caer muy bajo. Esas cosas que nos mantienen en vilo constantemente, los dueños de los mensajes que nos sacan una sonrisa, y los esperamos por horas, (porque no, no sirven los otros mensajes, los que llegan de las cosas que nos mantienn en calma, no sirven. No señor), los dueños de las visitas que esperamos cada día, los dueños de los regalos más importantes, los más lindos, los dueños de las horas más probechosas, y así, así con todo.
Y bueno, dependiendo de la personalidad de cada uno, podemos ser de los que nos quedamos con lo seguro y tenemos una segunda vida, anhelando cada día por poder disfrutarla más, por arriesgarnos a ganar lo que aparentemente será lo mejor. O también podemos ser de los que sufren todo el tiempo, de los que lloran, dejan de comer, y hasta de vivir por las consecuencias los riesgos de tomaron suponiendo serían felices.
Y como dije siempre: "Lo que te hace bien, te hace mal", y en este caso, nos aferramos a lo que nos hace excesivamente bien y excesivamente mal.
p.d.: aunque hablo de cosas no me refiero asi ni despectivamente ni por propiedad.